A
los seis meses de vida, el vaciado de la vejiga se realiza
de forma automática, refleja, como respuesta a la distensión
de la vejiga que suele producirse cuando el volumen de orina
es de unos 30 ml.
Entre 1-2 años, el niño adquiere la conciencia de que la vejiga está llena por la maduración de una parte del sistema nervioso llamada Parasimpático, que transmite las sensaciones de la vejiga.
Sobre los dos años el niño ya es capaz de comunicar a los demás su necesidad de orinar.
A los tres años es capaz de aguantar y posponer la orina durante unos minutos cuando la vejiga está llena y de iniciar la micción voluntariamente. En esta etapa es prácticamente autónomo para ir al baño solo y realizar todo lo que esto conlleva: bajarse los pantalones, subírselos, tirar de la cadena, etc.
Sobre los 4 ó 5 años el niño ya puede controlar voluntariamente
su vejiga cuando está llena, posponer la micción hasta el
lugar apropiado, iniciar y parar el flujo de orina, y decidir
la evacuación.
La vejiga urinaria es un saco revestido interiormente de un epitelio (como la piel o la mucosa de la boca) y compuesto en la mayor parte de su espesor por músculo.
El sistema para evitar la salida de la orina (la válvula muscular o esfínter) es complejo, constando de dos grandes zonas,
el esfínter interno y el externo, que a su vez está dividido en dos porciones.

Para el correcto funcionamiento de la vejiga y la micción (acto de orinar) correcta, hace falta el concurso de todos los sistemas nerviosos del cuerpo ya que, simplificando, el músculo de pared de la vejiga está controlado básicamente desde el sistema consciente (nervios somáticos), el esfínter interno por el sistema simpático (involuntario) y el esfínter externo en su parte más interna por el sistema parasimpático y la más externa por el somático.
Para que se produzca una micción normal, se deben coordinar todos estos nervios, para que al mismo tiempo se contraiga la vejiga y se relajen los esfínteres interno y externo.
Mientras se va llenando la vejiga se dilata, permaneciendo a poca presión y enviando la sensación de plenitud al cerebro a partir de los 100 a 150 ml de líquido, pero la musculatura de su pared permanece relajada hasta que se llega a su capacidad máxima (muy variable).
Cuando el cerebro autoriza la micción, el detrusor de la
vejiga se contrae y se relajan los esfínteres, quedando
el último paso controlado por la actividad de la parte más
externa del esfínter externo, de carácter voluntario.